Tener que tomar todos los dias el metro supone un cuarto de hora muerto cada dia. Cuando veia en el metro de Nueva York u otras ciudades a la gente leer en el metro pues la verdad no se me apetecia mucho, preferia ver las caras de los viajeros e imaginarme sus vidas.
Aqui el tiempo es dinero, y ese tiempo en el fondo es un regalo que me ha hecho las grandes distancias y ultimamente lo he invertido en lectura. Leo lo que me cae en las manos, revistas, periodicos algun libro. Pero esta semana he estado leyendo dos libros, el primero un libro de Guillermo Arriaga (Escuadron Guillotina), guionista de Amores Perros, 21 gramos y Babel, me lo compre aqui y en español.
El segundo es una relectura, una relectura obligada viviendo en esta ciudad. Estoy volviendo a leer “El hombre que invento Manhattan” de Ray Loriga. Y que quereis que os diga aunque parezca muy Sarah Jessica leerlo tras llevar aqui vividos un par de meses es diferente. Pues hoy yendo a clase me he pasado de parada porque me he quedado inmerso en el libro. He deseado venderle mi alma al diablo por su prosa. Y mi alma y mi mano derecha por una belleza como su ex.
¿Como no me voy a pasar de parada con estas frases?
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“quienes aman Nueva York, se odian un poco a sí mismos”.
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Arnold Grumberg era un hombre despistado capaz de matar a una lagartija con un látigo, es decir, despistado, sí, pero temiblemente certero”
Merecio la pena llegar cinco minutos tarde a clase. La semana que viene a releer Brooklyn Follies.
Pasad un gran finde
Santi
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